miércoles, 25 de septiembre de 2013

El fundamentalismo democrático: planteamiento de la cuestión.

Una vez concluidas las inmerecidas vacaciones estivales, ha llegado la hora de proseguir con la actividad del blog, y en concreto, con la exposición de la obra de Gustavo Bueno: "El fundamentalismo democrático. La democracia española a examen", nueva tarea que nos habíamos impuesto, tal y como señalamos en el anterior y último post publicado en julio. Aquella entrada finalizaba con el planteamiento de una serie de cuestiones que el autor tratará de analizar y de responder en la obra que vamos a comentar en lo sucesivo. Fundamentalmente se pregunta lo siguiente: ¿Qué es la corrupción?, ¿Qué es la democracia?, ¿La corrupción aniquila la democracia?,  ¿Es la democracia el fin de la historia?...
Antes de comenzar  con el planteamiento del problema, en primer lugar, conviene aclarar qué es el FUNDAMENTALISMO DEMOCRÁTICO de acuerdo con el profesor Bueno; a saber: el fundamentalismo democrático consiste en la creencia de que la democracia parlamentaria es la forma más depurada de convivencia política y social lograda por el hombre a lo largo de la historia, y mediante la cual se han alcanzado “de una vez por todas”  aquellos “valores supremos”  –proclamados por la revolución francesa-  de la libertad, la igualdad y la fraternidad  –solidaridad en la actualidad-. Ahora bien, ello implica que –y aquí entramos de lleno en el núcleo de la cuestión-, esta concepción tiende sistemáticamente a localizar y focalizar la CORRUPCIÓN en democracia -“fenómeno” clave en su ámbito conceptual en la problemática que aborda esta obra- al campo de las conductas individuales de funcionarios, políticos o empleados de la sociedad política[1] o civil[2].  Por tanto, analizar la  democracia como sistema, implica ineludiblemente dar cuenta de la corrupción, definiendo, tipificando y delimitando aquello que sea tal fenómeno. Respecto a ello, el autor considera que el concepto de corrupción que sostiene la concepción fundamentalista democrática se refiere a la corrupción de individuos concretos, afirmando que se produce una devaluación que afecta en todo caso, a muchos ciudadanos, incluso a la práctica totalidad de los mismos –"sociedad civil"- , pero no al SISTEMA DE LA DEMOCRACIA en sí, quedando este y sus valores “superiores”, inmaculados. Para el fundamentalismo democrático los corruptos son los individuos  -las personas- pero no el sistema, no la “DEMOCRACIA”. Por otro lado, y en este punto, cabe incidir en la importancia del funcionalismo político[3] respecto a la corrupción –posición contraria a la fundamentalista- , que sucintamente introduce el filósofo y que hay que tener en cuenta para adquirir una visión más completa del problema.  Ahora bien, a pesar de que este es un debate muy interesante, no podemos detenernos en estos momentos en él, por lo que remitimos la cuestión de un modo muy breve a una nota a pie de página.
Realizado el inciso y retomando de nuevo el hilo del discurso, cabe decir que,  al sostener la posición mencionada anteriormente y llevarla al límite,  el demócrata fundamentalista  -“radical”-  se convierte en una especie de puritano, esto es, en un moralista  –un fundamentalista ético- , que no está dispuesto a separar los valores en diversas categorías –tiende a olvidar que los valores gozan de una pluralidad de categorías-. Así quién es juzgado como corrupto será descalificado en todas ellas. Es por ello por lo que el fundamentalista no tiene en cuenta que el valor de un profesional como tal –considerando la profesión como una de tantas categorías a las que un individuo puede pertenecer- es completamente independiente de sus valores políticos, democráticos y morales, postulando una yuxtaposición entre ética y política. Por tanto, tal y como advierte el profesor Bueno, si se da por ejemplo, una incoherencia entre aquellos que transmiten el mensaje de obediencia a las leyes y al mismo tiempo se excluyen de su cumplimiento –sean éstos políticos, jueces, gestores y/o administradores públicos…- , será en cualquier caso en el terreno de los valores lógicos[4], no en el terreno moral –o de los valores éticos-. El autor plantea que, en general, los valores éticos se dan en una escala distinta a la de los valores políticos.  Los ejemplos al respecto  son muchos, no obstante, citaremos brevemente varios muy interesantes e ilustrativos que aparecen en el libro: Por un lado tenemos el caso de Francis Bacon (1561-1626)[5], que como canciller, reconoció las acusaciones de cohecho y prevaricación que se le imputaron,  lo que le acarreó varias inhabilitaciones, multa y condena en prisión –que a los pocos días le fue retirada-  ahora bien, su reconocida corrupción en el terreno político-administrativo no mermó su prestigio en todo el mundo como científico y filósofo. En cambio por otro lado, en segundo lugar, tenemos el caso del reconocido filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976), y que en nuestros días muchos son los que se olvidan de su talla como tal y de sus aportaciones a ésta disciplina,  etiquetándolo de fascista por la estrecha vinculación que tuvo con el movimiento nazi. Incluso hay casos en los que los valores éticos alcanzan todo su "brillo" a través de la corrupción administrativa, como fue el caso de Oscar Schindler, con los sobornos a funcionarios del Tercer Reich, necesarios para elaborar su famosa lista. 
  El profesor Bueno apunta que para quienes han tenido experiencia de una dictadura  –ya sea ésta fascista o comunista- como pueda ser el caso de España:… “la democracia se presenta como un “espacio de libertad”, una realidad transparente y hermosa. Se reconocerán, sin duda, en la democracia, algunos puntos oscuros o sucios, pero estos se interpretarán como residuos puntuales de la dictadura precedente, como déficits circunstanciales que son remediables y que, en todo caso, no afectan a la fragancia del conjunto. En último caso, estos puntos oscuros o sucios se pondrán en la cuenta no de la democracia, sino de la “vida humana”, en general, de sus limitaciones o miserias.” El fundamentalismo democrático. Como ya dejamos claro en las primeras líneas del post, el fundamentalismo democrático siempre tenderá a ver en la democracia parlamentaria el sistema más sano y perfecto de una convivencia social y política perenne;  por lo que no podemos dudar de su “ESTRUCTURA SISTÉMICA”. Reseñando de nuevo la tesis fundamentalista, no es la democracia en sí lo que falla, sino los individuos de la misma, puesto que este sistema, “supuestamente”, cierra el ciclo histórico de ensayos humanos para establecer un modo de convivencia política en libertad, igualdad y solidaridad: La democracia por tanto -según el fundamentalista de la democracia- es el fin de la historia. Ahora bien, nada más lejos de ello, Gustavo Bueno alberga la sospecha de que el fundamentalismo democrático en general, como todo fundamentalismo, es un modo más de encubrir la realidad. En concreto, y en nuestro caso -el caso de España- es una enfermedad crónica e incurable de un sistema “corrompido” desde siempre, cuyo hedor intenta disimularse a toda costa. El autor nos alerta de que si para combatir la “corrupción” –la enfermedad- aplicamos más democracia  –como no se para de vocear desde la esfera política-, la corrupción se agravará todavía más si cabe, conduciendo acaso a la muerte del propio sistema. Ni que decir tiene que desde la posición fundamentalista, se verá está postura como un ejercicio de “fascismo”, “comunismo” o incluso, “liberalismo”.
 Sin embargo –y esto es fundamental para entender la cuestión que aquí se plantea-  el filósofo aborda en esta obra el concepto de corrupción en un sentido amplio, es decir; el concepto de corrupción no se circunscribe o reduce  única y exclusivamente a cómo lo hace el código penalque lo limita al cohecho, prevaricación, malversación y nepotismo atribuidos a políticos o funcionarios-. El concepto de corrupción que el autor analiza en esta obra intersecta con el campo semántico[6] de la “PERVERSIÓN”, “DEGENERACIÓN”, “DESCOMPOSICIÓN” Y “DEGRADACIÓN”. Circunscribir por tanto, el fenómeno de la corrupción únicamente a lo que estipula el marco jurídico penal –ámbito de las corrupciones delictivas-, es arbitraria e injustificada, y no es una cuestión meramente semántica y mucho menos gratuita: tiene que ver con el fundamentalismo democrático. De este modo, defender tal postura, implica ciertas dosis de superficialidad ideológicamente interesada en mantener inmune al sistema democrático de los gérmenes contagiosos de la corrupción, considerando que por abundantes y escandalosos que sean los casos de corrupción, el Estado de derecho tiene la fuerza y los mecanismos necesarios y eficaces para “purgar”  las corrupciones “circunstanciales” que en él se den, y que son producto de la misma libertad que la democracia propicia, sin verse afectado el “núcleo sano”, esto es: los fundamentos mismos de la democracia –las personas corruptas con nombres y apellidos, acusadas y juzgadas, en todo caso serán encarceladas, pero concluido su periodo de purificación podrán ser reinsertadas en la sociedad democrática-. Teniendo en cuenta todo ello y de acuerdo con el profesor Bueno, estamos ante la idea vulgar y corriente de corrupción. En el presente libro se centrará principalmente en abordar la “corrupción democrática” en el terreno de la ideología, o más bien como él la llama,perversión doctrinal”, que no es delito  según aquello de que el pensamiento no delinque- y que a nuestro parecer es mucho más peligroso.
Ahora bien, es cierto que el término “corrupción” no es unívoco, sino que tiene muchos sentidos analógicos. Por ello, para profundizar en el análisis del campo de la corrupción que habita en la democracia,  el autor comienza ofreciendo una doctrina de referencia de la democracia y la corrupción que se salga de los estrechos límites de la “corrupción legal”. De este modo, en la primera parte del libro, primeramente indaga en la idea de corrupción en toda su amplitud semántica, a continuación se adentra en la idea de democracia[7], y por último establece las conexiones internas entre ambas ideas. A continuación, en la segunda parte del libro, analiza algunos ejemplos significativos de corrupción democrática no delictiva –y que nosotros no expondremos en su totalidad-  referidos a las diferentes capas de la sociedad política – capa basal, conjuntiva y cortical[8]-. En definitiva, al finalizar la obra habremos podido encontrar la respuesta a una de las preguntas fundamentales que se plantean en la misma, y que ya hemos formulado anteriormente: ¿La corrupción aniquila la democracia? En las próximas entradas abordaremos la teoría general de la corrupción.








[1] La sociedad política  –o el Estado- se entiende como una organización social heterogénea, al estar constituida por diferentes grupos étnicos previos -tribus, pueblos,  naciones… en sentido étnico-, orientada a mantener la propiedad del propio territorio frente a otras sociedades políticas, y a mantener el orden a través del conflicto de grupos y clases sociales. La organización de la sociedad política corre siempre a cargo de una parte de la misma que totaliza, a través del poder político, el resto de partes -aunque no del todo- proponiéndose como objetivo la eutaxia –el orden-. Esto es, la sociedad política es el global resultante del proceso mediante el cual una parte de la sociedad –gobernante- es capaz de hacer converger en torno a sí otras partes de la misma –gobernadas-, en principio divergentes, de tal manera que tal unidad global resultante es el núcleo mismo de la sociedad política, y cuyo mantenimiento –duración- es la esencia de la política. Así el núcleo de la sociedad política es el ejercicio del poder que se orienta objetivamente a la eutaxia –orden-  de una sociedad según la diversidad de sus capas -conjuntiva, basal y cortical-.

[2] La sociedad civil es aquella que está constituida por ciudadanos que se reconocen entre sí determinados derechos y deberes. Es una parte de la esfera pública que se sitúa entre la familia y el Estado –la sociedad política-, y en la que éste último no interviene directamente.  Comprende distintas organizaciones y asociaciones no gubernamentales que se crean con el propósito de promover la participación de los ciudadanos en asuntos de interés público –sin ánimo de lucro-. No obstante, cabe precisar que el concepto de sociedad civil suele emplearse muchas veces de forma imprecisa por las organizaciones políticas, los movimientos sociales y los medios de comunicación para referirse al conjunto de ciudadanos  -o de las asociaciones que los representan-  en tanto que contrapuesto a la sociedad política. La distinción entre sociedad civil y sociedad política es muy oscura y confusa. Etimológicamente la distinción no tiene mucho sentido, ya que civitas  -de donde procede civil- es el término latino utilizado para traducir la voz griega polis  -de la que deriva política-. Ahora bien, tampoco vamos a entrar en un estudio exhaustivo de ello, ni siquiera en la distinción que se realiza desde el materialismo filosófico –la doctrina filosófica de Gustavo Bueno-. Desde aquí únicamente pretendemos aportar unas definiciones generales más o menos aceptables y que, más que confundir, aclararen al lector poco versado en filosofía.


[3] Aquí nos limitaremos a exponer brevemente en qué consiste el funcionalismo “político” al respecto,  por lo que no nos detendremos en explicar qué es el funcionalismo en general ni a especificar todos los ámbitos a los que se aplica. El funcionalismo político, respecto al fenómeno de la corrupción en democracia considera que, cierto grado de la misma puede conllevar una gran “eficiencia política”. Esto es, podría darse el caso de que en un sistema con cierto grado de corrupción, los asuntos administrativos se resolvieran con mayor fluidez que en un sistema incorrupto con un funcionamiento estrictamente burocrático y “cuartelero”,  aun reconociendo evidentemente, el precio a pagar por ello, esto es, la justificación y legitimación de cierto grado de corrupción y las implicaciones que de ahí puedan derivarse. De hecho, el funcionalismo en este ámbito defiende precisamente que, es la corrupción –dentro de ciertos límites- lo que agiliza, incluso posibilita las relaciones entre gobernantes y gobernados en una democracia, especialmente cuando se da  un “consenso” entre los sobornados, dispuestos a esperar su turno.

[4] Incoherencia entre planteamientos y conclusiones, como por ejemplo; cuando el político de turno de un partido que dice representar de los trabajadores; afirma defender los intereses de los mismos  al tiempo que percibe unos emolumentos escandalosamente altos por su trabajo.

[5] Francis Bacon: primer barón Verulam, vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra, fue un célebre filósofo, político, abogado y escritor. Considerado uno de los padres del empirismo, sus obras y pensamientos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo del método científico, siendo uno de los precursores de la nueva ciencia –esto es, de la “ciencia moderna”- .

[6] Conjunto de unidades léxicas de una lengua que comprende términos ligados entre sí por referirse a un mismo orden de realidades o ideas.
[7] El profesor Bueno reseña de un modo muy significativo que: “Y por supuesto, cuando hablamos de democracia, refiriéndonos a España, no lo hacemos en ningún sentido partidista, puesto que la corrupción afecta, según proporciones que habría que investigar, a los más diversos partidos”. El fundamentalismo democrático.

[8] La estructura de la sociedad política encarnada principalmente en el Estado, de acuerdo con el materialismo filosófico – la teoría filosófica del profesor Gustavo Bueno-,  distingue tres capas del poder político, a saber: la primera de ellas, la Conjuntiva, engloba los poderes estrictamente políticos, es decir, el poder ejecutivo, legislativo y judicial; una segunda capa, la Basal, engloba todo lo que tiene que ver con la base económica -a esta parte pertenece el territorio apropiado por el Pueblo a partir del cual se formará el Estado, la planificación de la economía y su redistribución-; y por último, la tercera capa, la Cortical, engloba todos aquellos aspectos de una sociedad política que tienen que ver con sus relaciones e interacciones con otras sociedades políticas, en concreto aglutina el poder militar, el federativo –comercio, contrabando- y el diplomático. En su momento explicaremos más detenidamente la terminología empleada y esta “división de la sociedad política” que realiza el autor.

martes, 2 de julio de 2013

España Invertebrada: Final. "El fundamentalismo democrático": Presentación.

Remitiéndome al primer post que publiqué en este blog –el post de presentación-, allí comenté que en épocas de crisis económica, se revelaban de forma más clara las miserias de un pueblo, en este caso, el nuestro, quedando patente de ese modo, sus problemas estructurales y culturales. Ahora bien, debido a la constante agitación sociopolítica y al sempiterno ruido, corremos el riesgo de desviar nuestra ya de por sí defectuosa mirada, hacia  una serie de causas más superficiales y periféricas,  dejando por ello intacto, el núcleo del problema.  Con el blog, como ya subrayé en aquella primera entrada,  pretendo arrojar algo de luz sobre un problema más profundo y radical, que los que nos aquejan en la actualidad –que ni son pocos, ni de poca importancia-,  gran parte de los cuáles se  derivan, si no en sí mismos, sí en el modo de plantearlos y resolverlos, de ese problema que, de acuerdo con José Ortega y Gasset  es “EL PROBLEMA” y se denomina España. Para ello no dudé en exponer las ideas -de una asombrosa actualidad por cierto, aún datando su publicación de 1922- de un libro fundamental en nuestra historiografía como es “España Invertebrada” del propio Ortega. Una vez finalizada dicha tarea apasionante y laboriosa a la vez, no exenta de complejidad, espero haber podido contribuir desde mi humilde posición, a suministrar al lector las herramientas adecuadas para llevar a cabo un análisis más exhaustivo y certero de nuestra -común-, como diría Ortega, “circunstancia”, que no es otra que España; esto es, la realidad en la cual vivimos cada uno de nosotros.
Por otro lado y en otro orden de cosas, quisiera incidir en que, el presente blog nació con la única intención de exponer las ideas de Ortega en el mencionado libro, con la mayor precisión, presteza y honestidad posibles, puesto que considero que estamos ante una obra de suma importancia cuyas ideas deberían ponerse en la palestra continuamente, porque nunca dejaron de ser actualidad. Como ya declaré en aquella primera entrada, sin aspirar a pretensiones elevadas, este era mi modo de reivindicar la filosofía en este país, en ésta “tierra de infieles”, especialmente en un momento en el que esa amenaza latente que la acecha desde siempre  -y que se materializa en su desvirtuación social por un lado, y su progresiva devaluación y reducción presencial en un sistema educativo patético por otro, como no podía ser de otra manera-, de nuevo, se cierne sobre ella de un modo especialmente estulto y grosero.  Por tanto, inicialmente mi intención era no continuar con el blog una vez concluida la exposición de “España Invertebrada”; ahora bien, posteriormente y conforme avanzaba en mi tarea pensé en dedicar el blog a las obras y filosofía de Ortega en general -y no creo necesario justificar ni un ápice más la figura e importancia de este filósofo nacido en Madrid-, sin embargo y a pesar de que era una buena ocasión para aprender más sobre su filosofía, consideré que centrarme exclusivamente en ello, implicaba definir unos límites a mis inquietudes filosóficas dado el interesante y amplísimo marco de acción que nos brinda un blog, por lo que deseché la opción de la especialización. No obstante, y a pesar de mi decisión, mantendré el nombre del blog y por descontado el subtítulo del mismo que se corresponde con una de las más sugestivas tesis de Ortega en “España Invertebrada”, porque aunque hayan pasado casi cien años desde su publicación, seguimos estando “In partibus infidelium” precisamente, porque todo lo que el pueblo no ha hecho, continua sin hacerse.
 Por tanto, dando por finalizada la cuestión, concluiré el post adelantando la nueva tarea que me he impuesto, y que entronca en cierto modo con lo expuesto en “España Invertebrada”, pero en otro orden de cosas, teniendo un mismo terreno de cultivo en sentido amplio: la filosofía. En lo sucesivo,  analizaremos problemas “más superficiales” de la realidad española actual –como consideraría Ortega los problemas políticos- desde la perspectiva del materialismo filosófico del profesor Gustavo Bueno en su libro: “El fundamentalismo democrático –La democracia española a examen-“. Nuevamente, trataremos de aportar algo de claridad al actual estado de cosas - suministrar al lector una serie de herramientas conceptuales que puedan resultarle útiles-, exponiendo las ideas fundamentales de esta obra del filósofo español  –aunque no utilizaremos el formato empleado en “España Invertebrada”, esto es, una exposición apartado por apartado, y de publicación semanal, puesto que ello implicaría incurrir en cierta monotonía, y sobre todo , la obligación que ello acarrea fatiga en exceso -.  Advertir por último al lector que, en esta ocasión, el nivel de exigencia es mucho mayor, esto es, la complejidad de la tarea aumenta en demasía –especialmente en lo que respecta a la terminología- por ello nos tomaremos nuestro quehacer con calma. Quizás puede que peque de osado o puede que parezca pretencioso, pero nada más lejos de la realidad, simplemente, considero sus ideas al respecto  muy interesantes, reveladoras y por supuesto críticas, y por ello, intentaré exponerlas del mejor modo que pueda -aun corriendo el riesgo de equivocarme-, eso sí, tratando de llegar, no única y exclusivamente al lector versado en la materia –que no ya versado en el autor, que podría más bien, aclararme a mí al respecto -, sino a todo aquel lector que quiera prestar su atención a tales menesteres. El profesor Bueno se pregunta una serie de cuestiones que no pueden dejar indiferente a nadie: ¿Qué es la corrupción? ¿Qué es la democracia? ¿La corrupción aniquila la democracia? ¿Es la democracia parlamentaria la forma más depurada y perfecta -suprema- de la convivencia política y social alcanzada por el hombre? ¿Es la democracia la culminación material de los valores supremos de la libertad, igualdad y fraternidad -ahora solidaridad-?; y por último, la más interesante: ¿Es la democracia el fin de la historia?

jueves, 20 de junio de 2013

España Invertebrada. Apéndices IV: [El método de las épocas y la sociedad europea].

Con este post vamos a dar por concluida la exposición de "España Invertebrada" de Don José Ortega y Gasset. En este último apéndice del libro, el autor, además de aclarar el método empleado en su obra, apunta a una futura unión de los "pueblos" o naciones europeas, aunque evidentemente, sin perder cada una de ellas su especificidad - aquí vuelve a exponer la tesis desarrollada en la obra acerca de la España de las autonomías o regiones,  pero aplicada a Europa-. En este punto debemos tener muy en cuenta la tesis orteguiana de la “circunstancia”,  y la circunstancia de España no es otra que Europa. Esto es, no podemos analizar España únicamente desde dentro de sí misma, también hay que tener en cuenta el contexto en el que está inserta y las relaciones que dentro de él mantiene con otras “partes” o naciones europeas. El filósofo madrileño declarando su enorme interés por el historiador alemán Johannes Haller[1] y su obra “Las épocas de la historia alemana” publicado en 1922, percibió en la intención y motivación de este libro algo parejo al que él acababa de publicar un año antes: “España Invertebrada”[2]. Ambos coinciden en el método empleado, al igual que en sus obras se reacciona enérgicamente a un estado de depresión nacional y se pregunta con urgencia pragmática: “… ¿qué ha pasado en el pasado de esta nación para que resulte inteligible su mengua presente? ¿Qué le falta? ¿Qué le sobra? ¿Cuáles han sido los hechos decisivos –favorables y morbosos- en la biografía de este pueblo?” España Invertebrada.
La base del citado método está en la respuesta a las preguntas anteriores; sin embargo no se trata de una mera cuestión de datos históricos, sino del singular análisis a que éstos son sometidos. A continuación Ortega nos da las claves. Este método es una operación que se hace sobre la simple historia, esto es, estamos ante una forma peculiar de la labor histórica que conviene  cultivar con más ahínco: la historia analítica. Ahora bien, ¿en qué consiste? Los hechos una vez descubiertos, comprobados y referidos, se clasifican en dos grupos, a saber: uno muy reducido, de grandes hechos cruciales, y otro, enorme, de los hechos secundarios. Los hechos cruciales se analizan rigurosa y exhaustivamente, se los contempla por dentro esclareciendo de ese modo la “pululación innumerable del resto –lo mediocre y lo cotidiano-“. La historia hay que exprimirla -“oprimirla”-, no rezuma por sí sola. Nos hallamos ante una labor práctica, esto es, recurrir a la historia para buscar en ella una orientación que nos permita resolver las urgencias del presente –que es lo que hace Haller-. Esta actitud de urgencia pragmática lleva a una deliberada simplificación del pasado, preferentemente de la historia política para, más que preguntar y explicar cómo fueron las cosas; “… llevar los hechos del pasado ante un tribunal que los someta a la rigurosa pregunta: ¿de qué ha servido este hombre, esta resolución a nuestro pueblo? No hay duda; toda nación tiene que hacer alguna vez este corte de cuentas.” España Invertebrada.
Posteriormente se realiza una segunda simplificación –como también hace Haller- , es decir; de la historia solo tomará ciertos hechos que califica de “decisivos” en un doble sentido: en el primero, porque de ellos dependió –positiva o negativamente- toda una etapa de la vida de una nación o pueblo; y en el segundo, porque fueron, en efecto, decisiones que un hombre o grupo de hombres tomó. Este método da a la figura de la historia una superlativa concentración. De este modo el continuo fluir de la vida de un pueblo, [“… aparece así articulada en unas cuantas, muy pocas, coyunturas, momentos en que la línea recta de una persistente cotidianidad se quiebra para iniciar otra recta diferentemente orientada, a veces, en parcial retroceso. Cada una de esas rectas representa, en ocasiones, centurias, y es lo que se suele llamar una “época”.[3]]…[El hecho que la inicia hace época o es epocal. En él se interrumpe o suspende una cierta configuración de la vida de un pueblo y comienza otra nueva.”] España Invertebrada. Ortega piensa que este modo de “manipular” la historia con tan resuelto pragmatismo puede "soliviantar" a todo aquel lector que sostenga rigurosamente una concepción acorde con la idea tradicional griega del conocimiento y de la ciencia, es decir, como una ocupación estrictamente “contemplativa”. Ahora bien, por cuestiones en las que no incidiremos, pero que el autor sucintamente sí menciona en el libro, nada se opone en principio para que sea científicamente fértil tratar una cuestión con urgencia pragmática. De acuerdo con el filósofo madrileño, es falso que exista un conocimiento no originado por alguna urgencia, pero también cabe subrayar que, no toda urgencia permite y da holgura al conocimiento. Es preciso que entre el conflicto y nosotros haya cierta distancia, sólo así puede intercalarse entre la urgencia y nosotros la específica función de la teoría.
Y en este punto Ortega aclara una cuestión que se antoja fundamental para la comprensión de este método. Es preciso señalar que provocada por la utilidad, la teoría misma no es utilidad. Este es el error del pragmatismo. Para el pragmatismo la verdad es lo útil. Sin embargo el filósofo madrileño defiende una noción completamente opuesta;  precisamente porque la verdad no es utilidad nos resulta útil y la buscamos porque es útil.[4] Aludiendo de nuevo a la obra de Haller, el autor considera que ésta, evitando el deleite contemplativo de quién pretende hacer solo “teoría”, proporciona un vigoroso dramatismo intelectual a los problemas históricos y nos los presenta depurados aun como estrictos temas científicos. El meneo de urgencia que se les da, separa la paja del trigo. La historia cobra así una agilidad de cinta cinematográfica. El “MÉTODO DE LAS ÉPOCAS” lo muestra claramente: “El método de las épocas pone de manifiesto el carácter más esencial de la realidad histórica, carácter que las otras maneras de narrarla tienden a ocultar: el de ser una realidad que hay que hacer, que es obra humana, no proceso de la naturaleza, el cual mana mecánicamente con necesidad preestablecida”. España Invertebrada. De este modo, cualquier pueblo o nación, no es una unidad natural, sino una unidad históricamente lograda: “Contra la etimología del término, la nación no nace, sino que se hace.”[5]
No obstante Haller - piensa el filósofo madrileño- como los demás historiadores, no percibe algo que, a su juicio, es fundamental y que, acaso, el tiempo más próximo manifiesta en toda su evidencia; cada una de las naciones europeas es una sociedad en el más intenso sentido de esta palabra –el de sociedad nacional-. Sociedades nacionales son por ejemplo: Alemania, Francia, Inglaterra…pero además, existe otra en que éstas viven sumergidas o flotando: LA SOCIEDAD EUROPEA. Ahora bien, ello no significa que la sociedad europea consista en la convivencia de las naciones europeas. Eso no existe. Las naciones no conviven –creerlo es un error-, sólo conviven los individuos. Por tanto, en rigor, la convivencia europea es anterior a las convivencias nacionales, la cual preexistía a la formación de éstas últimas, que han ido formándose dentro de ella como coágulos más densos. Sin embargo, esa “sociedad europea” no ha llegado nunca a condensarse en la forma superlativa de sociedad que llamamos Estado. De acuerdo con Ortega, no se ha visto la realidad completa de una nación europea si se la ve como algo que concluye en sí mismo, ya que todas las naciones europeas tienen un subsuelo común.  No es posible mirar bien las naciones de Occidente sin tropezar con la unidad tras ellas operante, ni es posible observar esta unidad europea concretamente, sin descubrir dentro de ella el perpetuo movimiento de su pluralidad interna: las naciones. Esta incesante dinámica entre la unidad y la pluralidad constituye la verdadera óptica bajo cuya perspectiva hay que definir los destinos de cualquier nación occidental –a ésta meta apunta la obra de Haller, pero en el caso concreto de Alemania-.
 En definitiva, y para finalizar el post, el apéndice y la exposición de esta obra de Ortega en el blog; igual que en la misma se ha analizado el problema “ESPAÑA”; el problema “Francia”, “Inglaterra”, “Italia”, “Alemania”… en realidad son problemas que se funden en uno más amplio: “EL PROBLEMA EUROPA”. Es decir, cada uno de ellos son problemas parciales  -aunque ello no significa que sean menos importantes-, aunque más allá de la vida interior de los mismos, se levanta otro no menos importante, y que también es un problema de cada uno de estos pueblos: Europa. Porque debajo de cada uno de ellos hay una tradición con multitud de componentes idénticas. Tras ellas hay una unidad operante que comienza a configurarse en la Edad Media, esto es, los destinos de cualquier nación occidental hay que verlos desde esta perspectiva -al igual que sucedía con la España de los pueblos o regiones-. Aquí se da una incesante dinámica entre pluralidad y unidad. De este modo, y al hilo de todo ello, Ortega y Gasset finaliza el apéndice afirmando lo siguiente:[“Todo pueblo occidental al llegar a su plena integración en la hora de su preponderancia ha hecho la misma sorprendente y gigantesca experiencia: que los otros pueblos europeos eran también él o, dicho viceversa, que él pertenecía a la inmensa sociedad y unidad de destino que es Europa”]….[…el genio histórico tiene ahora ante sí esta formidable tarea: hacer avanzar la unidad de Europa, sin que pierdan vitalidad sus naciones interiores, su pluralidad gloriosa en que ha consistido la riqueza y el brío sin par de su historia.[6]”] España Invertebrada.







[1] Ortega muestra su admiración por Johan Haller (1865-1947), al que considera como un gran historiador, al tiempo que reconoce sus carencias en historia, incluso en Historia de España.
[2] Tenga en cuenta el lector que estos textos que conforman los apéndices fueron escritos por Ortega posteriormente a la publicación de la obra y, por tanto, añadidos a la misma en posteriores ediciones, como la que hemos manejado para la exposición desarrollada en este blog.
[3] Proviene de “epokhé”: apartado e interrupción.
[4] “El martillo es útil no porque él sea utilidad, sino porque tiene esa peculiar materia y esa peculiar forma que hace de él un martillo.” España Invertebrada.
[5] Este tema aparece en el “Prólogo para franceses” a la Rebelión de las masas y en Historia como sistema.
[6] Sobre el tema historiológico atienda el lector a la obra de Ortega: Las Atlántidas y Del Imperio Romano (y otros ensayos de Historiología).

jueves, 13 de junio de 2013

Apéndices III. El poder social. Artículo V: [El dinero].

En el presente post, último de la serie de artículos dedicados al apéndice: “ El Poder social”, y penúltima entrada del blog dedicada a “España Invertebrada”, el filósofo madrileño insiste en que llegados a este punto, ya podemos vislumbrar claramente la contraposición entre España y Francia –que toma como criterio comparativo- en lo relativo al citado concepto de poder social. Francia es el país dónde mayor número de actividades diferentes recibe la aureola del PRESTIGIO PÚBLICO. Sin embargo España es el país en el que casi nadie goza de ella. Ello significa que la sociedad española es mucho menos compacta y elástica que la francesa[1], es menos sociedad que la francesa. Ahora bien, está claro que Francia en este sentido, considera Ortega, está por encima de todos los pueblos. La nación entera vive y absorbe cuanto acontece en cada una de sus partes. Cuando un francés hace algo que sobresalga un poco, sea del orden que sea, conquista automáticamente la fama. No obstante: "Me parece una tontería atribuir este fenómeno a la vanidad gala , que se complace en exagerar el valor de sus hombres, ni tampoco a la vieja historieta de la cucaña en que los franceses entusiasmados aúpan a su conciudadano, favoreciendo su ascensión." España Invertebrada. Su explicación es mucho más profunda. El autor afirma que “famoso” no significa, ni más ni menos valioso, ya que “famoso” es aquel del que se habla en amplios círculos; incluso hay famas negativas, como la del criminal -y sobre todo en Francia, que se le da mucha popularidad-.
¿Por qué sucede esto en Francia? ¿Qué la diferencia de España? Porque -y de acuerdo con Ortega- simplemente a toda Francia le interesa cuanto acaece en un punto cualquiera de sí misma. Nada deja de aprovecharse socialmente, ni lo bueno, ni lo malo. No hay desperdicio. De este modo, y merced a esta fuerza, esta raza, que en ningún orden es genial, ha logrado dar un máximum de rendimiento. Todo cuanto acontece en ella es social, es decir, queda multiplicada su eficiencia por el volumen entero de la colectividad. En cambio en España, presenciamos la escena contraria. Si apenas nadie tiene entre nosotros poder social se debe a que nuestra sociedad es laxa, sin elasticidad, sin comunicación entre sus “trozos” o partes. Ahora bien, el filósofo madrileño piensa que la causa profunda de ello, no es la envidia ni el tan repetido “individualismo”; sino que es la falta de curiosidad y de afán de enriquecer nuestra vida con la del prójimo. Cada provincia, por ejemplo, vive hacia dentro de sí misma, absorta y abstracta del resto de la nación. Nuestra estructura social es una gran DISOCIACIÓN. Este es el mal profundo que late y subsiste en un nivel de profundidad mayor que todos los conflictos, luchas y desórdenes políticos y religiosos. Todo ello influye en el tipo y/o escaso poder social que se da en España, o más bien, en el poder social negativo que hay.  De hecho Ortega afirma lo siguiente: “Ahora, creo yo,  se manifiesta el sentido de estas consideraciones sobre el poder social. La falta de generosidad para otorgarlo que nuestra sociedad revela es gravemente nociva para ella misma”. España Invertebrada. En definitiva la raíz del asunto y toda su problemática, se encuentran detalladas en las cuestiones que el autor trata en los apartados titulados: “Compartimentos estancos” y "Apéndices III. El poder social. Artículo IV: [Un poder social negativo]"; y que evidentemente en estas líneas no reproduciremos de nuevo, sino que remitiremos al lector a las citadas entradas.
Sin embargo, aunque lo parezca, el autor no es pesimista, el señalar este defecto significa que se puede remediar. Hasta ahora ha dejado claro que: “…sólo hemos encontrado un oficio favorecido en España con poder social: el político”. España Invertebrada.  Pero si buscamos más, solo hallaremos otra fuerza que a su propia eficiencia añada la que espontáneamente surge de la sociedad: el dinero. El poder social del dinero no es peculiar de nuestro pueblo, sino un hecho capital de la época vigente. Pero que no se diga que también lo es de todas las épocas, porque eso es falso. El filósofo madrileño lo ejemplifica del siguiente modo: “En la Edad Media, como ahora, el dinero lo tenía el judío. Como ahora, había entonces que contar con éste, y, sin embargo, no tenía ningún poder social. Menos aún: el judío quedaba en  una posición negativa, infrasocial. Hoy el dinero se ha adueñado del mundo y, dentro del mundo, de España”. España Invertebrada. No obstante, hay que reconocer un matiz a nuestro favor, y es que el español dedica menos entusiasmo al oro que otras razas, a pesar de lo que Sajones y Franceses han vendido desde siempre, es decir, esa “sed de oro” en verdad no ha sido tal. Los españoles cumplían sus hazañas más bien por otros motivos que por  su “sed de oro”, ahora bien, el europeo de entonces -comienzo de la era capitalista- sí que sentía una fabulosa sed de oro, tal y como después se ha demostrado, y es por ello, por lo que se nos mete en el mismo saco.
Por tanto, aún siendo grande el poder social del dinero, en los ámbitos peninsulares es incomparablemente menor que en otros países. Ortega destaca el ejemplo de Norteamérica con respecto a este asunto. Afirma que allí, el rico destaca sobre la masa, el rico es su ideal y modelo. La escala de valores sociales radica exclusivamente en el éxito económico. La ambición encuentra como único medio de satisfacción el enriquecimiento, medio que por cierto, es entendido por todos y a todos está abierto. No hay concesión de patentes de nobleza, no hay títulos ni honores. La carrera política tiene poco prestigio, no da posición social; al contrario, es cosa mal mirada. En cambio “The man who made his pile”  -el hombre que hace su agosto- goza de respeto, esto es, el hombre hecho a sí mismo, que prospera en los negocios desde la nada y que sabe aprovechar las oportunidades,goza de admiración por parte de la sociedad. El rico es el centro del interés público, y en torno a esta figura se forma todo un mito y además, tal y como apunta el filósofo madrileño: “… llegará un día que sea tan difícil saber la verdad pura sobre Ford como lo es saberla sobre Cromwell, Napoleón o Washington”. España Invertebrada.
Finalizaremos el post con el convencimiento de que estas palabras contienen una buena descripción de lo que, por un lado, Ortega llama: PODER SOCIAL; y por otro lado, también nos sirven como criterio para calcular la cantidad de poder social que va en España aneja al dinero.

Próximo y último post de "España Invertebrda": Apéndices IV: [El método de las épocas y la sociedad europea].





[1] Léase  la entrada titulada:”Compartimentos estancos”; en dónde el autor expone el concepto de elasticidad social.

jueves, 6 de junio de 2013

Apéndices III. El poder social. Artículo IV: [Un poder social negativo].

En este post, y al hilo del concepto que vertebra el presente apéndice: “El poder social”, Ortega continua con el análisis –iniciado en la anterior entrada-  de la figura del escritor –intelectual- [1], pero ahora desde un nuevo enfoque, precisando de este modo, más si cabe, la cuestión aquí tratada. Como ya se expuso anteriormente, si la influencia directa del escritor es tan menguada sobre la sociedad española[2], está claro que no puede gozar de verdadero poder social, aunque es fácil que algunos literatos se hagan ilusiones de lo contrario, esto es: el oficio de escritor lleva consigo cierta aureola de notoriedad. Un escritor es más conocido que un banquero, que un industrial, ingeniero, abogado..., pero un hombre conocido no implica que se le tenga una dilatada estimación, ni siquiera conocimiento de la obra y de la persona. El filósofo madrileño considera que los que escriben son mucho más conocidos que leídos y más leídos que entendidos y estimados. Por ello, el tipo de vida que se ve obligado a llevar un escritor en España por el escaso poder social del que goza, le salva de una amarga desilusión. ¿Por qué? Porque vive recluso en un mínimo círculo de personas próximas al oficio intelectual, rodeado de una delgadísima película social que intercepta su visión del gran grupo colectivo. Cuando por azar perfora esa película y se encuentra con gente media, descubre con sorpresa que ni él ni los mejores de su gremio son conocidos más allá de la habitual tertulia.
Ahora bien; de acuerdo con Ortega, sería inexacto contentarse con decir que el escritor en España carece de poder social. De hecho encuentra otro concepto que, con más precisión, define la sorprendente situación del que escribe en España. De este modo el filósofo madrileño afirma: “Yo diría, pues, que el hombre de letras goza en Celtiberia de un poder social negativo” España Invertebrada. ¿Qué significa esto? ¿Qué entendemos por poder social negativo? “Simplemente, que para el buen español medio, el escritor como tal, es un hombre de fama, pero, entiéndase bien, de mala fama. Escribir es una forma de avilantez[3].” España Invertebrada.
Por tanto, para encubrir esa actitud de rechazo, la masa - y especialmente “la burguesía”-  elige una figura eminente y excelente con el fin de liberarse, con el homenaje constante, excesivo e ininteligente a su persona, de toda obligación con los demás. Un claro y acertado ejemplo de ello, y que trae a colación Ortega, es el caso de Ramón y Cajal: [“Se me dirá que hay casos de enorme y respetuosa popularidad y se me citará concretamente el constante homenaje de las clases sociales más diversas a un hombre como Ramón y Cajal.”]…[“Esa excepción, en cierto modo única, que se hace con Ramón y Cajal, trayéndole y llevándole como al cuerpo de San Isidro, en forma de mágico fetiche, para aplacar las iras del demonio Inteligencia, acaso ofendido, es una cosa que no se hace más que en los países donde no se quiere trato normal, próximo y sin magia con los intelectuales.”]…[“El hecho de ser justamente Ramón y Cajal el elegido acentúa, mejor aún, pone al descubierto casi obscenamente el irrisorio secreto que oculta tan aparente fervor. Porque apenas nadie tiene la más ligera idea de cuáles son las admirables conquistas del ilustre sabio. Por otra parte, la histología es una ciencia tan remota de la conciencia pública, tan neutra y sin color, que parece deliberadamente escogida para la apoteosis por un pueblo que considera la labor intelectual como una superfluidad, cuando no como una fechoría. Si Ramón y Cajal escribiese una sola página que afectase un poco más de cerca al ánimo español, presenciaríamos la ominosa evaporación de su poder social.”] España Invertebrada.
Es difícil encontrar en las naciones actuales nada que se parezca a la colocación sociológica del gremio intelectual en España. Vive al margen de la existencia normal colectiva. No se cuenta con él para nada, ni oficial ni privadamente, lo único que de él se espera es la extravagancia. En tales circunstancias es inevitable, aunque no justificado, el tono agrio, violento y chabacano que domina en nuestra producción literaria.  Ahora bien, lo sorprendente del caso, es que no se dé un tono más desesperado, y que bajo el escritor el hombre sea tan honrado. El filósofo madrileño subraya la honestidad civil del intelectual español: “Porque es preciso hacer constar la honestidad civil del intelectual español supera acaso a la de casi todos los gremios hermanos triunfantes en otros países. (No es posible decir lo mismo de su honestidad técnica: en general, no pone cuidado, ni mesura, ni elevación, ni rigor en su trabajo.)” España Invertebrada.  Además, esta irrealidad social de su oficio causa una peculiaridad que no ha sorprendido todo lo que debiera:  España es el único país europeo dónde los intelectuales se ocupan de política inmediata. Es decir, fuera de aquí, sólo como excepciones encontramos escritores mezclados en las luchas cotidianas de los partidos; pero aún así, en esos casos excepcionales el escritor cuida de separar su labor intelectual de sus inquietudes políticas -exigiéndole a sus intervenciones políticas todas las virtudes que rigen la obra intelectual-.  Así lo expresa Ortega: “Llevan pues, su intelectualidad íntegra a la política, al paso que entre nosotros la política más basta y pueril viene a anegar la intelectualidad.” España Invertebrada.
Es más, el intelectual podría elevar el nivel de los debates públicos merced a la superior disciplina de su intelecto, en cambio, en España la necedad constitutiva de la política diaria desintelectualiza al escritor. “Así acontece el hecho bochornoso de que los escritores españoles vivan separados por sus tendencias políticas -que son siempre las de la calle- más que por discrepancias intelectuales. España Invertebrada.  Por tanto, en opinión de Ortega, nunca falta el pretexto para que el intelectual mismo, siguiendo la tradición nacional, patee concienzudamente su oficio. “Falto de poder social, busca el escritor una compensación aproximándose al único oficio que goza de él en España. Siente apetito de mando efectivo y quiere ser político.” España Invertebrada.
Finalizaremos el post indicando, que el autor considera llegado el momento de inventar nuevos destinos y una nueva anatomía para nuestro pueblo -cuestión que el filósofo madrileño plantea en el tiempo en que fue escrita la obra, y que a día de hoy, permanecemos sin atisbar síntoma alguno que invite al optimismo-, pero ello no se puede llevara a cabo sin el gremio de las ciencias y las letras. Hace falta una técnica de la invención, hace faltar tener “oficio”, escuela, preparación del intelecto -porque vivimos en sociedades viejas y complejas y no se puede inventar historia a golpe de vista-. Ortega apunta: “Si los intelectuales españoles hubiesen sido fieles a la ley de su oficio sólo ellos poseerían hoy una verdadera política, un proyecto de vida nacional en grande, una norma pública a la vez elevada y compleja. Y es probable que por primera vez la sociedad volviese hacía ellos los ojos, forzada por las circunstancias.” España Invertebrada. No puede ser más desdichada la posición del escritor en la sociedad española de lo que es, se le exigen todas las virtudes y, encima de ellas, ese don maravilloso, delicadísimo, que es el talento. En cambio no se le concede nada. Ahora bien, el autor tampoco cree que la posición idónea sea la contraria, como la posición que se le otorga en Francia. De hecho, un intelectual de profunda y auténtica vocación repugnará siempre ese exceso de sobo colectivo, ese amanerado culto que le rinde el contorno y amenaza con cegar el manantial de su espontaneidad, y reblandecer el rigor de su interna disciplina. Conviene que el intelectual no crea demasiado en sí mismo, porque la inteligencia es siempre problemática, porque nunca se sabe ciertamente si se tiene o no se tiene, lo más que se puede asegurar es que se ha tenido hace un momento, pero poco más. Ortega concluye el texto afirmando lo siguiente: “El hombre inteligente ve constantemente a sus pies abierto e insondable el abismo de la estulticia. Por eso es inteligente: lo ve y retiene su pie cautelosamente.” España Invertebrada.

Próximo post: Apéndices III. El poder social. Artículo V: [El dinero].





[1] Para una correcta comprensión del sentido en que Ortega y Gasset utiliza estos términos, léase la nota primera de la anterior entrada.
[2] Ortega afirma que: “Queda siempre, como no podía ser menos, otro género de influencia que se produce a la larga y difusamente. Por eso, si la desatención al escritor  va inspirada por el deseo de que sus ideas no penetren nunca en la masa social, fracasa en su propósito. A la postre, tarde y confusionariamente, acaba también en España el pueblo por pensar como los escritores. Pero ahora se trata de la influencia mediata, concreta y rápida que es normal en otras naciones.” España Invertebrada.
[3] Insolencia.