miércoles, 16 de enero de 2013

España Invertebrada.Primera Parte. Potencia de nacionalización.

En el anterior post se exponían los conceptos de incorporación y desintegración como parte del armazón conceptual que utilizará Ortega para explicar y delimitar la formación histórica de un organismo nacional y que,  posteriormente, aplicará específicamente al análisis de España. En esta entrada se van a perfilar básicamente los dos conceptos –Mandar/Imperar y Fuerza-  que restan para completar ese andamiaje conceptual al que nos acabamos de referir. Por tanto, los conceptos de “Imperar” y “Fuerza” -íntimamente relacionados como veremos-,  junto con los de “Incorporación” y “Desintegración” serán articulados por Ortega para explicar qué es  la nacionalización o proceso de formación de una “nación”. Aunque es más acertado expresarlo como:”Potencia de nacionalización”. Para nuestro autor, el poder creador de naciones es un talento o genio tan peculiar como puedan ser la poesía, la música y la invención religiosa. Por ello analiza los ingredientes de ese talento nacionalizador cuya esencial característica es que posee un carácter imperativo. No es un saber teórico, ni es emotividad religiosa, y por supuesto no es ninguna fantasía. En palabras del propio Ortega: “Es un saber querer y un saber mandar”. De hecho: [ Pueblos sobremanera inteligentes han carecido de esa dote, y, en cambio, la han poseído en alto grado pueblos bastante torpes para las faenas científicas o artísticas. Atenas, a pesar de su infinita perspicacia, no supo nacionalizar el Oriente mediterráneo; en tanto que Roma y Castilla,  mal dotadas intelectualmente, forjaron las dos más amplias estructuras nacionales”…] España Invertebrada.
1.CONCEPTO DE MANDAR –IMPERAR-:
Con respecto a este concepto Ortega considera que mandar no es simplemente convencer, ni simplemente obligar, es una sutil mezcla de ambas cosas. En todo acto de imperar la sugestión moral y la imposición material van íntimamente fundidas. Saber mandar es en primer lugar saber mandarse a sí mismo, es decir; ser emperador de sí mismo es la primera condición para imperar a los demás. Y precisamente en esta mezcla juega un papel básico la fuerza, que ha sido, es y será fundamental en la historia de la humanidad en lo que concierne a la creación de naciones – puesto que evita el caos-. Ahora bien, sólo con la fuerza tampoco se consigue absolutamente nada  -la violencia en solitario sólo fragua “pseudoincorporaciones” que duran un tiempo muy breve y no dejan rastro histórico apreciable-. En toda auténtica incorporación  la fuerza tiene un carácter adjetivo. Es decir, la potencia verdaderamente substancial que impulsa y nutre el proceso incorporativo es siempre un dogma nacional,  es un proyecto sugestivo de vida en común” afirmará Ortega.  Y la fuerza está ligada a ese fin.
Hay que desechar toda interpretación estática de la convivencia nacional y aprender a comprenderla dinámicamente, esto es;  los grupos que integran un Estado viven juntos para algo, son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. Las gentes no viven juntas sin más ni más y porque sí  -esa cohesión “a priori” sólo existe en la familia-. No conviven por estar juntos sino para hacer algo juntos: un proyecto de vida en común -un proyecto atractivo de cosas para hacer en el futuro-, un fin a realizar. Y cuando el proyecto se acaba, se desarticula el Estado o bien se desdibuja por completo -se desustancia-. Por ello según Ortega, lo decisivo para que una nación exista no es el pasado,  no es la tradición –como ya quedó indicado en el anterior post, estaríamos ante un error muy grave de apreciación cuya causa radica en buscar el origen del Estado en la familia, en la comunidad nativa, previa, ancestral.- Las naciones se forman y viven de tener un programa de futuro, un proyecto a realizar para mañana.
 Y en cuanto al poder de la fuerza, que Ortega considera como “la gran cirugía histórica”, su función es obvia, es decir: “Por muy profunda que sea la necesidad histórica de la unión entre dos pueblos, se oponen a ella intereses particulares, caprichos, vilezas, pasiones y, más que  todo esto,  prejuicios colectivos instalados en la superficie del alma popular que va a aparecer como sometida”. España Invertebrada. Y contra ello, no sirve la persuasión que emana del razonamiento. Por tanto el papel de la fuerza es adjetiva, secundaria, pero necesaria y nada desdeñable. Ortega ilustra de un modo muy claro esa sutil combinación de sugestión moral –convencer-  e imposición material u obligar –fuerza- en qué consiste el talento nacionalizador: Si comparamos los formidables imperios mongólicos de Genghis-Khan con la Roma antigua, o con los imperios de Alejandro Magno y Napoleón; en la jerarquía de la violencia y de la fuerza, el genio de Tartaria es insuperable. Pues bien, frente al Khan tremebundo que no sabe leer ni escribir y desconoce las religiones y todas las ideas, están César, Alejandro, Napoleón, que son auténticos propagandistas del “Ejército de salvación”-Salvation Army-. Por ello el Imperio tártaro duró el mismo tiempo que vivió el herrero que lo forjó con el acero de su espada, mientras que, la obra de César por ejemplo, en cambio, duró siglos y repercutió en milenios. Por ello, cuando los pueblos que rodeaban Roma fueron sometidos, más que por la fuerza de las legiones, se sienten injertados en el árbol latino por una ilusión, por un atractivo proyecto de vida en común, un proyecto de organización universal  -por su tradición jurídica, política, administrativa…configuradas por poseer un tesoro de ideas recibidas de Grecia-, y dónde todos podían colaborar. Y el día que Roma dejó de ser éste proyecto de cosas por hacer mañana, el Imperio se desintegró o se  desarticuló.
2. CONCEPTO DE FUERZA –ACLARACIÓN-:
Acerca del concepto de fuerza poco más se puede decir, aparte de lo ya expuesto a propósito de su carácter adjetivo en los procesos de incorporación y de su inseparabilidad de los proyectos sugestivos de vida común que suponen los mismos. Ahora bien, el concepto de fuerza ha sido objeto de interesadas interpretaciones según Ortega, por lo que en este punto considera conveniente realizar algunas aclaraciones fundamentales sobre el mismo, indicando, y vaya eso por delante, que Europa padece desde hace un siglo una perniciosa propaganda en desprestigio de la misma. Las raíces están en la base de la cultura moderna que ha impuesto en la opinión pública europea la falsa idea de lo que es la fuerza de las armas, presentándose como algo infrahumano, residuo de la animalidad en el hombre.  La fuerza se ha contrapuesto al espíritu o bien, se ha considerado como una manifestación espiritual de carácter inferior.  Ortega explica que en la formación de la cultura moderna la burguesía imperante tuvo un papel protagonista imponiendo sus instintos, su interpretación de la realidad. De hecho Ortega afirma  que: “El buen Heriberto Spencer, expresión tan vulgar tanto de su nación como de su época, opuso al “espíritu guerrero” el “espíritu industrial”, y afirmó que era éste un absoluto progreso en comparación con aquél.”; refiriéndose con ello evidentemente a Herbert Spencer (1820-1903)  – sociólogo, psicólogo y destacado filósofo evolucionista británico- .
  La ética industrial  -esto es, un conjunto de sentimientos, normas, estimaciones y principios que rigen la actividad industrial, que únicamente responde al principio de utilidad y en la que los hombres se asocian a través de contratos, expresándose en un espíritu que trata de evitar el riesgo-  es moral y vitalmente inferior a la ética del guerrero  -cuyos principios, normas y valoraciones responden al entusiasmo, surgiendo de ahí los ejércitos, y en ellos, sus integrantes asociándose solidarizados por el honor y la fidelidad, resaltando su genial apetito por el peligro-. Ahora bien:”…aquello que ambos tienen en común, la disciplina, ha sido primero inventado por el espíritu guerrero y merced a su pedagogía injertado en el hombre”[1]España Invertebrada. Sin embargo Ortega insiste en que, en la actualidad – y nos referimos al momento presente  en el que Ortega escribe estas líneas-  sería injusto comparar esas dos formas de vida, porque las organizaciones militares contemporáneas representan una decadencia del espíritu guerrero debido a que éstas son manejadas y organizadas por el espíritu industrial  -lo que hace antipáticos a los ejércitos y los desvaloriza-. Por tanto nuestro autor considera que, en la actualidad el militar es el guerrero deformado por el industrialismo.
Ortega piensa que la fuerza de las armas no es fuerza bruta, sino fuerza espiritual, porque considera que para poner en pie un buen ejército se necesita de grandes dosis de genialidad y vital energía, siendo ésto una gran verdad aunque no sea reconocida. El influjo de las armas manifiesta, como todo lo espiritual, su carácter predominantemente persuasivo.  Y la fuerza de las armas no es precisamente fuerza de Razón -ésta no circunscribe la espiritualidad-. La violencia material con la que un ejército aplasta a otro en la batalla no es lo que tiene efectos históricos; es decir, ahí, la victoria actúa más que materialmente, ejemplarmente, poniendo de manifiesto la superioridad -y por tanto su calidad histórica- del ejército vencedor y por ende del pueblo que lo forjó[2]. Todo gran ejército ha impedido más batallas que las que ha librado. El prestigio ganado en un combate evita muchos otros, y no tanto por el miedo a la física opresión, como por el respeto a la superioridad vital del vencedor. Es decir, según el filósofo madrileño: ”El estado de guerra perpetua en que viven los pueblos salvajes se debe a que ninguno de ellos es capaz de formar un ejército y con él una respetable organización nacional”. Por tanto, el honor que un pueblo deba sentir está ligado al de su ejército, pero no porque sea el instrumento de defensa ante enemigos externos, no se trata de eso aclara Ortega, sino que: ”Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta”. España Invertebrada.
En definitiva Ortega considera que, aunque la fuerza  represente sólo un papel auxiliar en los grandes procesos de incorporación nacional, es inseparable de ese talento o genio que poseen los pueblos creadores e imperiales. El mismo genio que inventa un programa sugestivo de vida en común sabe siempre forjar un ejército ejemplar, siendo éste la mejor propaganda y el símbolo más eficaz de ese proyecto.
 Próximo post: España Invertebrada primera parte: Particularismo y acción directa. ¿Por qué hay separatismo?





[1] Uno de los hombres más sabios e imparciales de nuestra época, el gran sociólogo y economista Max Weber, escribe: “La fuente originaria del concepto actual de ley fue la disciplina militar romana y el carácter peculiar de su comunidad guerrera.”(Wirtschaft und Gesellschaft, pág. 406; 1922.)

[2] No se oponga a esto la trivial objeción de que un pueblo puede ser más inteligente, sabio, industrioso, civil, artista que otro, y, sin embargo, bélicamente más débil. La calidad histórica de un pueblo no se mide exclusivamente por aquellas dotes. El “bárbaro” que aniquila al romano decadente, por ejemplo, era menos sabio que éste, y, sin embargo, no es dudosa la superior calidad histórica de aquél. De todos modos, la opinión arriba apuntada alude sólo a la normalidad histórica que, como toda regla, tiene sus excepciones y su compleja causística.

jueves, 10 de enero de 2013

España Invertebrada. Primera Parte. Conceptos de Incorporación y desintegración.

Expuestos los prólogos en entradas anteriores, en lo sucesivo, abordaremos plenamente la obra de Ortega -sin que ello signifique que los prólogos sean meramente accesorios; subrayada quedó su relevancia-. Por tanto, José Ortega y Gasset para el análisis que pretende llevar a cabo en “España Invertebrada”, tomará como ejemplo la narración de los destinos de Roma tal y como lo plantea Theodor Mommsen (1817- 1903)  -historiador alemán especialista en historia de Roma-  siendo éste según nuestro autor, el gran artífice y arquitecto de la “Historia de Roma” con mayor rigor científico que se haya podido construir. Ortega considera que el pueblo romano constituye un caso único en el conjunto de los conocimientos históricos: es el único pueblo que desarrolla entero el ciclo de su vida delante de nuestra contemplación, es la única trayectoria completa de organismo nacional que conocemos. Hemos asistido a su nacimiento, expansión, decadencia y extinción -otros ejemplos han sido fragmentarios a nuestros ojos, bien no los hemos visto nacer, bien todavía no han desaparecido-. Por lo que Ortega toma la “Historia de Roma” (1854-56) de Mommsen como modelo para perfilar el andamiaje conceptual de esta obra y así llevar a cabo su análisis de España. A continuación, para comenzar con la primera parte del libro -cuyo título reza: Particularismo y acción directa- expondremos los conceptos de INCORPORACIÓN Y DESINTEGRACIÓN.
1.CONCEPTO DE INCORPORACIÓN:
  Mommsen considera que: “La historia de toda nación, y sobre todo de la nación latina, es un vasto sistema de incorporación”. “Historia de Roma”. Ortega afirma que el papel de este principio -fundamental-  en historia, es análogo al del movimiento en física, es decir; comprenderemos bien la historia y sus fenómenos cuando tengamos una noción clara de lo que son los procesos de incorporación[1]. Con respecto a éstos, conviene señalar, que a menudo tropezamos con una propensión errónea muy extendida, procedente a su vez de otro error más elemental, a saber: Nos representamos la formación de un pueblo como el crecimiento por dilatación de un núcleo inicial, error que procede de otro que consiste en pensar que, el origen de la sociedad política -del Estado- es una expansión de la familia[2]. Es por tanto erróneo pensar, que la familia es la célula social y el Estado algo así como una familia que ha engordado.  Esta idea es un lastre para el progreso de la historia, la  sociología, la política…
¿Pero en qué consiste entonces el proceso de incorporación? La incorporación histórica no es dilatación de un núcleo inicial, sino que es la articulación de dos o varias colectividades distintas en una unidad superior, esto es; la organización de muchas unidades sociales preexistentes, en una nueva estructura. Incluso en la constitución de un organismo nacional, la identidad de raza no trae consigo la incorporación  -aunque la favorece y facilita el proceso-. La identidad de raza no implica conexión política alguna, es falso suponer por tanto, que la unidad nacional se funda en la unidad de sangre y viceversa. La diferencia racial subraya lo que hay de específico en la génesis de todo gran Estado. Ortega ve en “La Historia de Roma” de Mommsen el más claro ejemplo de ello, concretamente, en las páginas dedicadas a las etapas decisivas de la evolución de Roma, o mejor dicho, de su progresiva incorporación, y que nuestro autor utiliza con gran precisión para ilustrar la cuestión, a saber:
Primera etapa de la evolución: Roma es primero una comuna asentada en el monte Palatino -y las siete alturas inmediatas-; es la Roma Palatina, Septimontium o Roma de la montaña. Posteriormente, esta Roma se une con otra comuna fronteriza asentada sobre la colina del Quirinal, y desde entonces, hay dos Romas: la Palatina - de la montaña- y la Quirinal -de la colina. Segunda etapa de la evolución: Ahora bien, esta Roma Palatino-Quirinal vive entre otras muchas poblaciones análogas de una misma raza latina, pero con las que no poseía conexión política alguna. Por lo que Roma tuvo que someter a las comunas del Lacio - sus hermanas de raza-  por los mismos procedimientos que siglos más tarde tendría que emplear para integrar en el Imperio a gentes étnicamente diferentes como celtíberos y galos, germanos y griegos, escitas y sirios. Es decir; Roma obligó a sus hermanas del Lacio a constituir un cuerpo social, una articulación unitaria  que fue la “federación latina”. El paso inmediato fue dominar a etruscos y samnitas, las dos colectividades o pueblos de raza distinta, limítrofes del territorio latino. Logrado esto, el mundo italiota es ya una unidad históricamente orgánica. Tercera etapa de la evolución, también llamada la de la colonización: Poco después, en prodigioso crescendo, todos los demás pueblos conocidos desde el Atlántico al Caúcaso, se agregan -son agregados- al torso italiano formando la estructura gigante del Imperio. Por tanto, los estadios del proceso evolutivo, o mejor dicho, incorporativo, forman una línea ascendente: Roma inicial Palatina, Roma doble Palatino-Quirinal, federación latina  -pueblos del Lacio- , unidad italiota -incorporación de etruscos y samnitas-, Imperio colonial. Por tanto, tal y como apunta Ortega: “Este esquema es suficiente para mostrarnos que la incorporación histórica no es la dilatación de un núcleo inicial, sino más bien la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura.” “España Invertebrada”.
Sin embargo en este punto, conviene aclarar una cuestión muy importante para evitar  malas interpretaciones de la misma. Como podemos observar en el ejemplo – aunque esta puntualización no se limita exclusivamente al mismo, sino que es válido para cualquier proceso de incorporación nacional que se someta a análisis- hay que incidir en que el núcleo inicial, ni se traga todos los pueblos que va sometiendo, ni anula el carácter de unidades vitales propias que antes tenían. Entorpece en gran medida en el análisis de la realidad histórica el suponer, que cuando de los núcleos inferiores -insistimos, sean étnicamente iguales o diferentes- se ha formado la unidad superior nacional, dejan aquellos de existir como elementos activamente diferenciados. Según Ortega, eso es falso. Ahora bien, la cohesión de esos núcleos  inferiores perdura, pero ahora dicha cohesión queda articulada como una parte en un todo más amplio -del organismo total resultante de la incorporación-  del cuál, el núcleo inicial también es una parte más, pero gozando evidentemente, de un rango privilegiado por ser el agente de la totalización. Es decir, que la fuerza de independencia que hay en esos núcleos incorporados perdura aunque sometida, esto es, se contiene su poder centrífugo por la energía central que los obliga a vivir como partes de un todo y no como todos aparte. Y basta con que la fuerza central escultora de la nación amengüe, para que se vea automáticamente reaparecer la energía secesionista de los grupos adheridos. A modo de ejemplo -y en lugar de Roma- Ortega va  introduciendo ya la cuestión española, aunque con ésta ocurre exactamente lo mismo que con Roma y los pueblos adheridos, a saber: “Lleva esta errónea idea a presumir, por ejemplo, que  cuando Castilla reduce a unidad española a Aragón, Cataluña y Vasconia, pierden estos pueblos su carácter de pueblos distintos entre sí y del todo que forman. Nada de esto: sometimiento, unificación, incorporación  no significan muerte de los grupos como tales grupos”. ”España Invertebrada”.
2. CONCEPTO DE DESINTEGRACIÓN:
Ahora bien, tratado el concepto de incorporación para delimitar la formación histórica de una nación, cabe decir que para nuestro autor, la propuesta de Mommsen es insuficiente para llevar a cabo tal tarea. De hecho, Ortega insiste en que la frase de Mommsen es incompleta y considera que: “La historia de una nación no es sólo la de su período formativo y ascendente: es también la historia de su decadencia”. “España Invertebrada”. Es decir, no es sólo el proceso de reconstruir las líneas de su progresiva incorporación; sino también la historia del proceso inverso, descendente, esto es, el proceso de una vasta desintegración. Por tanto para Ortega, es preciso que nos acostumbremos a entender toda unidad nacional, no como una coexistencia interna, sino como un sistema dinámico. Tan esencial para su mantenimiento es la fuerza central como la de dispersión  Ortega utiliza aquí a modo de ejemplo, una metáfora física muy clara: en los sistemas dinámicos son fundamentales para el equilibrio y/o estabilidad de los mismos, tanto la fuerza centrípeta como la centrífuga, aunque evidentemente Ortega, no está cayendo en un reduccionismo de la ciencia social a la natural-. Es decir, la energía unificadora, central, de totalización, necesita para no debilitarse de la fuerza contraria, necesita de la dispersión, del impulso centrífugo perviviente en los grupos porque de lo contrario, sin esa fuerza de estímulo, la cohesión se atrofia, la unidad nacional se disuelve, las partes se despegan, flotan aisladas y tienen que volver a vivir cada una como un todo independiente. Por ejemplo: Ortega - utilizando sus clásicas metáforas fisiológicas- considera que con respecto a esto, ocurre lo mismo que con un órgano del cuerpo humano; si no existiera la fatiga, el órgano se atrofiaría, su función ha de ser excitada, estimulada, que trabaje y se canse para que pueda nutrirse. Sin esos “daños” el organismo no funcionaria, no viviría.
Próximo post: España Invertebrada. Primera Parte: Particularismo y acción directa. Potencia de nacionalización. 



[1] Según la traducción del alemán: convivencia, ayuntamiento de moradas.
[2] Lejos de ser la familia el germen del Estado, es en varios sentidos todo lo contrario, es en primer lugar, posterior al Estado y, en segundo lugar, tiene el carácter de una reacción contra el Estado. Más adelante, en la exposición del primer apéndice: Nación, región y Estado; Ortega profundiza más en este punto.

viernes, 4 de enero de 2013

España Invertebrada: Prólogo a la cuarta edición.

En este segundo prólogo del libro, prólogo a la cuarta edición de “España Invertebrada”, de 1934, Ortega nos habla de la perspectiva histórica aplicada  a los problemas y cuestiones que en esta obra se tratan, así como la consideración que éstos merecen respecto de la misma. Consideraciones, que por cierto, hay que tener muy en cuenta para una correcta comprensión de la obra. Ortega en este prólogo, advierte a los lectores futuros de la presente obra acerca de la temporalidad de los hechos narrados, de su historicidad, y por ende, de las ideas que en esta obra aparecen. Ideas que - advierte Ortega-  se configuraron y plasmaron en la misma hace tiempo, concretamente, datan de hace casi quince años  -en 1934- y muchas de ellas vieron la luz por vez primera en numerosos artículos del periódico Sol. Ortega afirma que quince años suponen: “La unidad efectiva que articula el tiempo histórico y lo constituye.  Porque historia es la vida humana en cuanto que se  halla sometida a cambios de su estructura general”. España Invertebrada.
Ahora bien, para él, lo importante aquí, es que la estructura de la vida se transforma siempre de quince en quince años, y lo decisivo en el paso de un periodo a otro es el cambio de organización general, la arquitectura y la perspectiva de la existencia - y lo de menos son los elementos que continúan y los que desaparecen en ese cambio de periodos-. La vida “humana” en una época y en otra significan cosas diferentes -no es lo mismo en 1921, año de publicación de la obra, que en 1934, año en que Ortega añade éste prólogo-, porque “la faena, el quehacer” de vivir  implica siempre tratar con diversos y diferentes problemas a lo largo del tiempo. Por tanto Ortega advierte que las ideas que aparecen en la obra, por un lado; puede que no se acaben de comprender bien por el tiempo transcurrido desde su gestación - ya que, al no ser éstas tan antiguas, no puedan acogerse a las ventajas de la arqueología-, y por otro lado; puede que en 1921 estas ideas fueran extemporáneas, es decir, que fueran una anticipación de los hechos que estarían por venir y que sólo en el presente -1934- fueran consideradas adecuadamente. Subrayado esto, Ortega insiste en que muchas de las ideas de esta obra -insinuadas en ella por vez primera- tardaron muchos años en salir de España y volver a refluir hacia nuestro país. Ahora bien, algunas de estas ideas han podido ser consideradas como la última palabra, cuando en realidad no es así. Fuera, sólo han recibido: “falsificación, desmesuramiento y su petrificación en tópicos” afirma Ortega.
Sin embargo, de todas las ideas que aparecen en el libro las que más le interesan son las que todavía siguen siendo anticipaciones, las que todavía no se han cumplido, ni todavía son hechos. Como por ejemplo: El fracaso de las masas  -de toda clase-  en su pretensión de dirigir la vida europea, porque están haciendo ya la experiencia inmediata de su propia inanidad, han pasado años con la petulancia como único principio animador - como único principio vital-.  Ortega según todo lo que acontece en su época percibe una sensación vital de vacío. Y afirma que, más allá de esa petulancia, el hombre occidental europeo -incluido el español- descubrirá en sí mismo un nuevo estado de espíritu, y que además será el máximo al que podrán llegar: la resignación. Sólo sobre ella dice Ortega, se podrá iniciar la nueva construcción: “Pero entonces se verá con gran sorpresa, que la exaltación de las masas -nacionales y obreras-  llevada al paroxismo en los últimos treinta años, era la vuelta ineludible que la realidad histórica tenía que tomar para hacer posible el auténtico futuro, que es, en una u otra forma, la unidad de Europa”. España Invertebrada.
 La aparición de “España Invertebrada” tuvo mayores consecuencias fuera de España que dentro. Es más, Ortega en un principio, se opuso a su publicación en países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, que por aquel entonces “parecían” intactos en su perfección, eran países modelo, y este libro presentaba y destapaba todas las lacras del nuestro. Ahora bien, por aquel entonces nuestro autor ya sabía que muchas de estas lacras padecidas por España también eran -aunque secretamente-  padecidas por esos países mencionados, por lo que era inútil intentar mostrarlo entonces. ¿Cómo iba a comparar las miserias españolas con las de esos cuatro grandes países? Ortega ya anticipó que el siglo XX sería un siglo de situaciones dictatoriales, que éstas eran una irremediable enfermedad de la época y el castigo condigno de sus vicios. Por tanto, consideró preferible centrarse en los problemas de España renunciando a complicarlos con los “menos patentes” del extranjero -aunque en esencia muchos están íntimamente relacionados- .Su obra en la época en la que vio la luz fue considerada por él mismo como un secreto doméstico. Ahora bien, Ortega considera que en el año en que añade este prólogo -1934- se ha podido ver como ciertos males profundos son comunes a todo Occidente, y por tanto, ya no se opuso a su publicación a otras lenguas.
Por último, insistir de nuevo en que Ortega advierte al lector de que éste no va a enfrascarse en la lectura de un libro en sentido estricto. Este texto tiene una inspiración pragmática para el autor, como ya se señala en el anterior prólogo. Es una orientación personal de Ortega con respecto a los destinos de la nación a la que se adscribe, a su historia; ya que no puede no tener en cuenta esa circunstancia. Tal y como el propio Ortega afirma: “ Si yo hubiese encontrado libros que me orientasen con suficiente agudeza sobre los secretos del camino que España lleva por la historia, me habría ahorrado el esfuerzo de tener que construirme malamente, con escasísimos conocimientos y materiales, a la manera de Robinson, un panorama esquemático de su evolución y de su anatomía”. España Invertebrada. Por tanto, Ortega concibe esta obra como una aclaración personal acerca de España para así evitar en su conducta, por lo menos, las grandes estupideces, al tiempo que invita al lector que sienta la misma desorientación que él, a leerla, y lo hace con una precisa y acertada metáfora fisiológica –metáforas fisiológicas utilizará a lo largo de toda la obra-:”Alguien en pleno desierto se siente enfermo,  desesperadamente enfermo. ¿Qué hará? No sabe medicina, no sabe casi nada de nada. Es sencillamente un pobre hombre a quien la vida se le escapa. ¿Qué hará? Escribe estas páginas, que ofrece ahora en cuarta edición a todo el que tenga la insólita capacidad de sentirse, en plena salud, agonizante y, por lo mismo, dispuesto siempre a renacer”. España Invertebrada.
Acabado este segundo prólogo y antes de comenzar con la obra, el propio Ortega incluye una nota fundamental -de nuevo a modo de advertencia para el lector-  que resulta imprescindible tener en consideración: “No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos por algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad. En este ensayo de ensayo es, pues, el tema histórico y no político. Los juicios sobre grupos y tendencias de la actualidad española que en él van insertos no han de tomarse como actitudes de un combatiente. Intentan más bien expresar mansas contemplaciones del hecho nacional, dirigidas por una aspiración puramente teórica y, en consecuencia, inofensiva”.  España Invertebrada.
Próximo post: España Invertebrada primera parte: Particularismo y acción directa. Conceptos de incorporación y desintegración.

jueves, 27 de diciembre de 2012

España Invertebrada: Prólogo a la segunda edición.

Para comenzar con la tarea que nos hemos propuesto con este blog, esto es; exponer periódicamente las ideas de Ortega y Gasset en su obra  España Invertebrada” -publicada en 1921 pero de una actualidad considerable-, hemos de reseñar que en ella Ortega, valiéndose de principios teóricos, lleva a cabo un análisis de España en una amplia perspectiva histórica –de hecho, el subtítulo de la obra reza del siguiente modo: Bosquejo de algunos pensamientos históricos-  cuya influencia en nuestra historiografía ha sido muy importante. En dicho análisis no sólo incluye nuestro propio pasado, sino esencialmente, el proceso de la cultura europea y su grave crisis contemporánea. Por tanto, el mejor modo de iniciar nuestro recorrido es exponer los prólogos que a la segunda –Octubre 1922- y cuarta edición –Junio 1934-  de “España Invertebrada” antepuso Ortega. En los mismos encontraremos una serie de explicaciones que esbozan con precisión aquello que vamos a encontrar en el libro. Las ideas que este transmite forman un cuerpo de doctrina en Ortega formadas en él a lo largo de los años.
En este post expondremos el prólogo a la segunda edición, en el que Ortega quiere prevenir cierta candidez del lector con respecto a dos cuestiones fundamentales:
EN PRIMER LUGAR:
Ortega trata de definir la grave enfermedad que España sufre. Teniendo en cuenta esta tarea, éste considera que su obra no es pesimista pese a la opinión generalizada de la época, ya que según él, todo aquel que la considere de ese modo evidencia que  no ha comprendido nada, y en ese estado de incomprensión es en el que se encuentran una mayoría de los españoles. Ahora bien, para Ortega, la escasez de hombres dotados de talento suficiente para comprender y tener una perspectiva íntegra y verdadera de la situación nacional y sus hechos  -puesto cada cual en el plano de importancia que le corresponde-  no es la mayor desgracia de nuestro país. Y esto es así hasta tal punto, que mientras no se corrija previamente ese defecto ocular que impide al español medio la percepción acertada de las realidades colectivas de España, no podrá esperarse ninguna mejora apreciable en nuestros destinos. El español medio no valora nada en su justa medida, sino que da a lo insignificante una “grotesca” importancia, y en cambio, apenas se da cuenta de los hechos verdaderamente representativos y esenciales.
Ortega, haciendo hincapié en una de sus tesis fundamentales sobre el perspectivismo, afirma que: En la comprensión de la realidad social lo decisivo es la perspectiva, es el valor que atribuimos a  cada elemento dentro del conjunto” España Invertebrada. Esta tesis, aplicada a la tarea que se propone Ortega, indica que lo que pasa en una nación, pasa en las demás pero de otra manera. Es decir, en todas las naciones – refiriéndose con ello a Europa y a las naciones que históricamente han gozado de un estatus superior en el viejo continente como son Francia, Inglaterra y Alemania; a las que añadimos España, pero únicamente como objeto de comparación y estudio de la presente obra-  el sentido para lo social, lo político y lo histórico es del mismo tipo, ahora bien, su adecuación en el mecanismo colectivo específico de cada nación varia, se modifica. Como bien dice Ortega:
“Cuando se subraya un hecho como específico de la condición española, no falta nunca algún discreto que cite otro hecho igual acontecido en Francia, en Inglaterra, en Alemania, sin advertir, que lo que se subraya no es el hecho mismo, sino su peso y rango dentro de la anatomía nacional.” España Invertebrada.
Ortega considera que los españoles padecemos una distorsión perceptiva total en nuestras apreciaciones sobre nuestra realidad presente, que además se ve multiplicada por las erróneas ideas que tenemos acerca de nuestro pasado. Es decir, el modo admitido y generalizado de pensar de los españoles es que en el pasado poseíamos una cultura ejemplar cuyas tradiciones y matrices debemos perpetuar. Pensamos que España fue en un tiempo la “raza más perfecta” y que, sólo posteriormente, comenzó a declinar. Esta desmesurada evaluación del pasado peninsular deforma necesariamente nuestros juicios sobre el presente. Ante cualquier dificultad presente solemos desviar la mirada constantemente hacia ese supuesto “glorioso” pasado, en lugar de mirar hacia el futuro; pero especialmente: “En nada aparece tan claro ese nocivo influjo del antaño como en la producción intelectual.” España Invertebrada. Para Ortega, en definitiva, el encumbramiento de nuestro pueblo fue más aparente que real y por tanto su decadencia también es más aparente que real, porque jamás hemos sido “un gran pueblo. Estamos ante un espejismo peculiar en la historia de España, espejismo que por cierto, constituye precisamente el problema de España.
EN SEGUNDO LUGAR:
Según Ortega, al analizar el estado de disolución al que ha llegado la sociedad española encontramos algunos síntomas y elementos que no son exclusivos de nuestro país, sino que son tendencias generales en todas las naciones europeas a principios del siglo XX. Es natural que así sea, Ortega piensa que las “épocas representan un papel de climas morales, de atmósferas históricas a que son sometidas las naciones. Aunque haya diferencias entre la fisionomía de unas naciones y otras, la época les impone ciertos rasgos similares. Es decir, no hemos de olvidar que estamos ligados a una determinada época histórica de Europa. Por ello, a continuación, plantea a modo de esbozo, algunos problemas europeos de su tiempo que inexorablemente influyen en el nuestro, problemas en los que no es necesario detenerse. Con respecto a ello, lo que sí habría que subrayar, es que para nuestro autor,  las grandes naciones europeas transitan ahora –principios del siglo XX-  el momento más grave de toda su historia, y esa crisis de la vida europea se inicia antes del comienzo de siglo,  antes de la “Gran Guerra y todavía no ha comenzado su restauración. Esta crisis por tanto, afirma Ortega, a menudo se justifica  argumentando que las grandes potencias han quedado extenuadas tras la guerra, idea que no comparte nuestro autor: “La guerra fatiga, pero no extenúa: es una función natural del organismo humano, para la cual se halla este prevenido”. España Invertebrada.
La extenuación en la que ha caído Europa es muy sospechosa; no porque no logre culminar la organización y dirección del “nuevo” proyecto europeo, sino porque no se lo propone, no quiere hacerlo. No hay ilusión de futuro, no hay una estima por el presente en Europa en esos momentos y así lo expresa Ortega:“Si las grandes naciones no se restablecen es porque  en ninguna de ellas existe el claro deseo de de un tipo de vida mejor que sirva de pauta sugestiva a la recomposición”. España Invertebrada. Y ello, no ha sucedido nunca en la historia de Europa, la cual padece una extenuación en su facultad de desear  - síntoma de vitalidad decadente-  que no es posible atribuir a la guerra. ¿Por tanto, cuál es su origen? Ortega no pretende responder aquí a esa pregunta, solo subrayar la cuestión de que los males españoles que ha descrito no pueden encontrar medicina y remedio en los grandes pueblos europeos de su época. No nos sirven de modelos para una renovación.
En el próximo post: prólogo a la cuarta edición.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Reivindicación de la filosofía: España Invertebrada.

En éstos tiempos de crisis económica,  en los que la agitación, la incertidumbre, los problemas sociopolíticos y el ruido pueden llevarnos a desviar, aún más si cabe, la ya de por sí defectuosa mirada española, se nos revelan de forma más clara las miserias de esta tierra, nuestras miserias. Con este blog, desde una propuesta sencilla y sin la intención de aspirar a metas elevadas, tan sólo se pretende arrojar algo de luz sobre un problema mucho más profundo: España. Y se pretende hacerlo, honestamente, desde los hombros de un gigante;  José Ortega y Gasset.  En éstos momentos, este es mi particular modo de reivindicar la filosofía en este país, siempre tenida en tan poca consideración: exponer periódicamente las ideas de una obra tan “actual” de Ortega  como es España Invertebrada” .  Esta obra, aun sin ser  estrictamente filosófica -que no  por ello es menos importante- aportará claridad sobre –en palabras de Ortega-  ese “equívoco” llamado España  a todo aquel que quiera prestar atención a su lectura. No obstante, desde aquí invito y animo al lector,  especialmente al que no está familiarizado con la filosofía, a aproximarse a las ideas de Ortega por sí mismo a través del propio Ortega, es decir, a sumergirse directamente en la lectura de su obra.  Ahora bien,  teniendo en cuenta las dificultades que pudieran presentarse en este tipo de tarea, en el blog trataré en la medida de mis posibilidades y desde las limitaciones de mi entendimiento, expresar lo más fielmente posible el pensamiento de Ortega en dicho libro. Por tanto no se me ocurre mejor modo de comenzar que dejar que el propio Ortega tome la palabra:
“LECTOR…Bajo el título Meditaciones anuncia este primer volumen unos ensayos de varia lección que va a publicar un profesor de filosofía in partibus infidelium. Versan unos -como ésta serie de Meditaciones del Quijote- sobre temas de alto rumbo; otros sobre temas más modestos; algunos sobre temas humildes; todos, directa o indirectamente, acaban por referirse a las circunstancias españolas.” MEDITACIONES DEL QUIJOTE. Pp.11.