miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Qué es la corrupción? Esbozo de una teoría acerca de la idea general de corrupción.



Analizadas todas las cuestiones que recogen los diferentes aspectos de indeterminación del concepto de “corrupción” –expuestas en las dos entradas anteriores-,  el profesor Bueno ya se encuentra en disposición de formular una teoría general de la corrupción desde la perspectiva del materialismo filosófico, esto es, ya puede responder rigurosamente a una de las preguntas fundamentales para el posterior desarrollo de la obra: ¿QUÉ ES LA CORRUPCIÓN?  Ahora bien, como ya comentamos en el post anterior, responder a dicha cuestión implicaba dejar de lado la teoría aristotélica del hilemorfismo –esto es, el análisis dualista de la composición de los sustratos existentes en el mundo como compuestos de materia y forma-.[1]

Por tanto, expuestas todas las consideraciones anteriores acerca de aquello que sea la corrupción, Gustavo Bueno concluye: “Nos arriesgamos a ofrecer aquí, a título de ensayo, un esbozo de la ontología[2] implicada por la idea general de corrupción, que no es una idea unívoca. Un esbozo que, sin perjuicio de su generalidad, ha de ser capaz de situar a la corrupción democrática en el contexto general de las corrupciones políticas, institucionales y aun naturales –orgánicas e inorgánicas- , que están por otra parte mutuamente involucradas.” El fundamentalismo democrático. Un concepto ontológico de corrupción tiene mucho de metodológico, ofreciendo de ese modo los criterios generales en función de los cuales un sustrato  –algo-  puede ser considerado corruptible. Esta idea nos sirve de guía al aplicarla a un sustrato particular –por ejemplo la sociedad democrática-  para conocer las razones específicas por las cuáles podemos considerar al mismo como corruptible o corrupto. Una ontología de la corrupción o teoría general de la corrupción, en la medida en la que se reconozcan realidades, sustratos o entes[3] incorruptibles, requiere establecer todos los criterios distintivos y constitutivos de lo corruptible y de lo incorruptible –esto es, los criterios en base a los cuáles podamos responder a la pregunta: ¿Qué es lo que se puede y qué es lo que no se puede corromper?-. Ahora bien, estos criterios pueden ser tomados desde perspectivas muy diversas, no obstante, el filósofo utiliza cuatro criterios muy generales para diferenciar los entes –sustratos-  corruptibles de los que no lo son, a saber:

El primer criterio es el de la corporeidad. Lo que es corruptible es siempre corpóreo, aunque no tiene porque ser íntegramente corpóreo, puede serlo en parte, es decir;  puede que no sea corpóreo pero sí tenga componentes físicas no corpóreas de la realidad, dadas en coordenadas espaciotemporales como las ondas, sean éstas del tipo que sean. Por ejemplo, una esfera de acero es corpórea, pero lo es en virtud de su acero, de la materia prima de la que está hecha, porque en lo relativo a su bidimensionalidad, por ser esférica sería incorpórea. Sin embargo, además de la corporeidad, la idea de corruptibilidad requiere también de algo más, y eso, aun considerando que todo lo que es corpóreo es corruptible, y por tanto, que lo incorruptible ha de comenzar por ser incorpóreo  -lo cual no significa que necesariamente deba ser espiritual o inmaterial-. Lo incorpóreo puede ser también material, como por ejemplo el caso de la figura bidimensional de un triángulo rectángulo – o también sirve como ejemplo el caso anterior de la esfera de acero, pero en lo relativo a su figura-. El triángulo rectángulo es incorruptible, incorpóreo, intemporal, aunque se le puede atribuir una “propiedad” paralela a la corruptibilidad – en tanto que implica destrucción por transformación-: la propiedad de la degenerabilidad. Así por ejemplo, la transformación de un triángulo rectángulo –que tiene un ángulo recto, y es finito, esto es, está cerrado-  en uno birrectángulo[4]que tiene dos ángulos rectos y es infinito, o lo que es lo mismo, está abierto y dos de sus lados nunca se cruzarán, en todo caso tenderán a hacerlo en el infinito- no podemos considerarlo como corrupción del triángulo, sino como degeneración, es decir, el triángulo birrectángulo no es un triángulo corrompido, sino que es un triángulo degenerado, es la degeneración de un triángulo rectángulo.  En definitiva, aunque todo lo corrompido puede considerarse como degenerado, no todo lo degenerado tiene que ser considerado como necesariamente corrompido.

El segundo criterio que establece el autor es el de la interacción dinámica. De hecho afirma lo siguiente: “Para que un cuerpo sea corruptible tiene que estar inserto interactivamente –no solo relacionalmente o geométricamente- entre dos cuerpos. Y no solo eso: debe estar inserto con una inserción variable, cambiante, dinámica, con interacción de fuerzas[5].” El fundamentalismo democrático.  Pero la interacción dinámica de un cuerpo con otros cuerpos  –o de las partes de un mismo cuerpo entre sí- implica el movimiento dado en el tiempo. Porque el tiempo no es una dimensión ideal atribuible a un supuesto cuerpo aislado en el espacio, el tiempo de un cuerpo aparece cuando él se confronta con otros cuerpos, y especialmente con uno de ellos llamado reloj, con el que mantiene alguna acción y reacción –sea electromagnética o luminosa.-

El tercer criterio es el de la transformación. La corrupción de un cuerpo en movimiento a lo largo de un intervalo de tiempo es una TRANSFORMACIÓN, no una ANIQUILACIÓN. Porque la corrupción es un proceso en el cual un cuerpo o una parte suya desaparece pero sin aniquilarse, esto es, se transforma en otros cuerpos; mientras que la aniquilación es la no existencia del cuerpo aniquilado.

 Y por último, el cuarto criterio es el de los diferentes ritmos. Aquí el profesor Bueno afirma: “Por último, hemos de suponer que los múltiples cuerpos –o unidades corpóreas o sustratos considerados, así como las partes corpóreas de cada unidad corpórea- que interaccionan en el tiempo no se mueven al unísono, según ritmos armónicos preestablecidos, tales que permitieran un despliegue estacionario, es decir, un despliegue según transformaciones idénticas que imiten la inmovilidad”. El fundamentalismo democrático.  Los cuerpos entre sí, y las partes de los cuerpos entre sí, no se mueven a la vez, sino con diferentes ritmos permanentemente. Y esto es lo que determina que las interacciones de unos cuerpos con otros –y de las partes de cada cuerpo entre sí-  puedan alterar las proporciones requeridas para el mantenimiento de su unidad, que, por efecto de esas interacciones, se irá disgregando y acabará corrompiéndose.

Un ejemplo muy ilustrativo aunque ciertamente paradójico que se expone en la obra respecto a todo esto –y que aparece en el segundo criterio, en concreto en la nota a pie de página número 5-, es el de la corrupción de la atmósfera por el calentamiento global resultante del efecto invernadero producido por una serie de sustancias que la contaminan. Lo paradójico del ejemplo consiste en lo siguiente: la corrupción por contaminación desempeña a su vez el papel de una protección ante otras corrupciones, coordenadas con ella, como es el llamado “oscurecimiento global”[6]. Algunos de los que han tratado este asunto afirman que este “oscurecimiento global  ha enmascarado el calentamiento global”, aunque por la misma razón podríamos afirmar también: “…y viceversa”. De acuerdo con el profesor Bueno, en realidad lo que ocurre es que la corrupción “calentamiento global” tiene entre otros efectos no catastróficos, la de frenar la corrupción derivada del “oscurecimiento global”. Y este juego paradójico de corrupciones que frenan otras corrupciones podríamos tomarlo como símbolo del juego que media entre las corrupciones democráticas delictivas –que se podría corresponder por analogía con la contaminación global- y las corrupciones democráticas no delictivas  –que se correspondería analógicamente con el oscurecimiento global-.

En definitiva y, recapitulando todo lo expuesto hasta el momento en los sucesivos post publicados, el término “CORRUPCIÓN” de hecho, no es UNÍVOCO, sino que tiene sentidos muy heterogéneos, que unas veces provienen de los matices mismos de la característica de la función que desempeñe –por ejemplo corrupción como podredumbre, como simple descomposición, como disgregación…- y otras veces provienen de los tipos de sustrato a los que se aplica, esto es, a los diferentes dominios de su extensión  –corrupción de un alimento, de un idioma, de una costumbre…- Sin duda, las variaciones intensionales[7] -de significado-  tienen algo que ver con el tipo de sustratos a los que se aplica  –por ejemplo, el matiz de la función[8] corrupción por podredumbre se aplica mejor al dominio de los alimentos que al de los idiomas-. Ahora bien, lo que está claro es que a pesar de que algunas variaciones o matices del significado puedan aplicarse en abstracto unívocamente a  todos los dominios o tipos de sustrato –como por ejemplo el matiz o significado más neutro, que es corrupción como descomposición- , ello implica perder el matiz o significado más característico del término corrupción como podredumbre. Sin embargo, lo cierto es que al componerse este concepto neutro -corrupción como descomposición- con dominios diferentes, esto es, con diferentes tipos de sustrato al que se puede aplicar, la univocidad aquí se convierte en un estorbo para poder percibir las diferencias: no es lo mismo la descomposición de un alimento cuando este se pudre que la descomposición de un idioma cuando se transforma en otro.  

Ahora bien, respecto a todo ello cabe decir que, en el momento en que vemos el concepto “corrupción” como un concepto cuyas acepciones o significados son muy diferentes  -pero manteniendo entre ellos alguna relación- se nos presenta la cuestión de su génesis, por lo que Gustavo Bueno se pregunta: ¿Hay alguna acepción primitiva u originaria del término “corrupción”? ¿Hay una primera acepción originaria del término entre todos los significados heterogéneos constatados?  En conclusión, establecido pues el mencionado esbozo sobre una teoría acerca de la idea general de corrupción, el filósofo ahora se centrará en la aplicación de esa idea a las sociedades políticas en general y a las sociedades democráticas en particular, pero para ello tendrá que responder a las preguntas mencionadas anteriormente y, en el caso de que la respuesta sea afirmativa, tendrá que indagar en la cuestión de los distintos cursos de evolución histórica del significado de la citada idea o concepto a partir de su acepción primitiva u originaria, cuestión que abordaremos en próximas entradas.

Próximo post:  Aplicación de la idea general de corrupción a las sociedades democráticas en particular. Cursos de evolución del significado del concepto de corrupción.


[1] Por el contrario afirma el filósofo: “En su lugar se analizará cada sustrato como el resultado de una composición de múltiples partes, insertas en diferentes capas, que se mantienen unidas en el sustrato en virtud del equilibrio dinámico más o menos precario entre sus mutuas interacciones y las interacciones con el medio externo. En virtud de este equilibrio dinámico precario, ningún sustrato podrá considerarse como incorruptible. Todo sustrato que pueda ser definido en el universo será corruptible, total o parcialmente, sin que sea posible establecer en general medidas de duración de los sustratos, puesto que estas medidas solo podrán ser determinadas con referencia a las distintas clases de sustratos.” El fundamentalismo democrático.
[2] La Ontología es una rama de la filosofía. Es una ciencia que estudia lo que hay, lo que existe y las relaciones entre las entidades que existen. 
[3] Es un término filosófico fundamental, objeto de la Ontología –ciencia del ente o del ser- , utilizado para designar todo aquello que existe o puede existir  –tenga existencia real o imaginaria-.
[4] Proceso que no vamos a explicar aquí por no considerarlo necesario.
[5] El ejemplo al respecto que cita Gustavo Bueno es el siguiente: “… la contaminación que produce la corrupción de la atmósfera que llamamos “calentamiento global” mediante el efecto invernadero, implica la interacción con la atmósfera limpia -tomada como sustrato-  de las sustancias contaminantes como el hollín, los fluorclorocarbonados, el CO2, o el metano CH4”.  El fundamentalismo democrático.
[6] El llamado “oscurecimiento global”, básicamente consiste en lo siguiente: Los aerosoles dispersos en el espacio atmosférico reflejan la luz solar y producen, por tanto, un efecto de enfriamiento que, por sí mismo, podría corromper al manto vegetal terrestre al disminuir la tasa de evaporación. Este fenómeno fue observado a raíz de la suspensión del tráfico aéreo en Estados Unidos durante tres días a raíz de los atentados del 11-S.
[7] En lógica, filosofía del lenguaje y otras disciplinas que estudian los signos y el significado, la intensión de una expresión es su significado o connotación en contraste con la extensión de la misma, que consiste en las entidades a las cuales la expresión se aplica. Por ejemplo, mientras que los predicados –oraciones- "Presidente de los Estados Unidos" y "Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos" tienen la misma extensión -refieren a la misma persona-, está claro que no tienen el mismo significado, es decir la misma intensión.
[8] Cabe recordar que Gustavo Bueno considera la corrupción como una función en la que la relación causal que se da es ternaria  -esto es, un efecto Y que se produce en un sustrato H sometido a la acción de un determinante X-  y no binaria (efecto-causa). Para mayor información léanse los post: ¿Qué es la corrupción? Análisis del concepto de corrupción. Partes II y III.

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